A la luz de una lámpara de aceite el semidesnudo hombre, cabeza cuidadosamente rapada, gruesa boca y ojos muy delineados, toma una pequeña estaca de bambú, mastica con cuidado su oblicua punta y siente las pequeñísimas hebras separarse. Delicadamente sostiene en su mano izquierda la pequeña caja con dos pigmentos, uno de carbón y otro rojizo de óxido, moja entonces con agua la punta de la caña que introduce en el polvo negro, respira profundamente y comienza a escribir sobre el fino papiro sobre su regazo la historia de Sinuhé, hijo del sicómoro, tesorero del Rey del Bajo Egipto.
De ahí a esta mi escritura en la computadora personal, solo han pasado cuatro mil años y las intenciones se mantienen inalteradas. Sentimientos, sueños, realidad, fantasía, pensamientos, creencias ... todo resumido en esta necesidad inexplicable de escribir lo que se cuenta, lo que se imagina, lo que pasó, lo que pasará y hasta lo que nunca se hará realidad. La escritura que concibe, que destruye, que ama y que odia.
De esto y más se trata este Blog. De escritores y hechiceros de la palabra a través de la Historia. Y de vez en cuando, mis propios hechizos, mi propio Aquelarre, advierto, con todo tipo de licencias.
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