Eran los primeros meses de 1975 y así, sin previo aviso, Monsieur Mersault se instaló en mi vida después de 33 años de que Albert Camus le diera vida. Porque hay libros que se quedan con uno para siempre. No quiere decir esto necesariamente que hayan sido influencia o no, simplemente que su o sus personajes te cortejan, te enamoran, se hacen tus amantes, tus hermanos o tus amigos. Son personajes que igual te pueden abofetear, hacer el amor o simplemente cantarte o recitarte una poesía que se adherirá a tus mismos tuétanos.
Era la clase de Francés en mi Liceo Franco Costarricense y el programa tenía esta novelita, en apariencia inofensiva, del Premio Nobel de Literatura de 1957 que en 140 páginas me hizo explotar la mina filosófica que yacía dormida en mis adentros. Me costó entenderlo al principio. ¿O acaso es fácil enfrentarse por primera vez a la filosofía del absurdo?
A diferencia de los personajes novelescos que había leído hasta ese momento, Meursault personifica la carencia de
valores, por el absurdo de su existencia, nada en su vida tiene importancia, ni el matrimonio ("¿Casarnos?, eso no quiere decir nada. Pero si tu quieres que nos casemos, está bien, me da lo mismo") , ni la amistad, ni
la muerte de una madre, ni la muerte de nadie (haló el gatillo aún cuatro veces más después del primero para matar aquel árabe porque hacía muchísimo calor y porque el despiadado sol de la costa argelina y el sudor lo cegaban ...) nada tenía la suficiente importancia porque la
angustia existencial de mi primer antihéroe inunda todo su ser (quizá en eso sí nos ibamos a parecer finalmente).
El libro lo leo religiosamente todos los años (como otros pocos que reseñaré). Y aunque Mersault no es Camus, en él se expresan muchas de sus ideas, porque Camus se opuso en simultáneo al cristianismo, al comunismo y al existencialismo porque no estaba de acuerdo con aquellas ideas que alejan al hombre precisamente de lo más íntimo, de lo humano, de su ser íntimo y propio ("La estupidez insiste siempre").
Y cito de memoria el final de El Extranjero. "Para que todo esté consumado, para que me sienta menos solo, me queda esperar que el día de mi ejecución haya muchos espectadores y que me reciban con gritos de odio".

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