miércoles, 6 de agosto de 2014

Mi primer antihéroe, mi primer Hechicero

Buenos días, me dijo con semblante completamente neutro y en un francés con fuerte acento argelino. "Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo : Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.  Pero eso no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer".

Eran los primeros meses de 1975 y así, sin previo aviso, Monsieur Mersault se instaló en mi vida después de 33 años de que Albert Camus le diera vida.  Porque hay libros que se quedan con uno para siempre. No quiere decir esto necesariamente que hayan sido influencia o no, simplemente que su o sus personajes te cortejan, te enamoran, se hacen tus amantes, tus hermanos o tus amigos. Son personajes que igual te pueden abofetear, hacer el amor o simplemente cantarte o recitarte una poesía que se adherirá a tus mismos tuétanos.

Era la clase de Francés en mi Liceo Franco Costarricense y el programa tenía esta novelita, en apariencia inofensiva, del Premio Nobel de Literatura de 1957 que en 140 páginas me hizo explotar la mina filosófica que yacía dormida en mis adentros.  Me costó entenderlo al principio. ¿O acaso es fácil enfrentarse por primera vez a la filosofía del absurdo?


A diferencia de los personajes novelescos que había leído hasta ese momento, Meursault personifica la carencia de valores, por el absurdo de su existencia, nada en su vida tiene importancia, ni el matrimonio ("¿Casarnos?, eso no quiere decir nada. Pero si tu quieres que nos casemos, está bien, me da lo mismo") , ni la amistad, ni la muerte de una madre, ni la muerte de nadie (haló el gatillo aún cuatro veces más después del primero para matar aquel árabe porque hacía muchísimo calor y porque el despiadado sol de la costa argelina y el sudor lo cegaban ...) nada tenía la suficiente importancia porque la angustia existencial de mi primer antihéroe inunda todo su ser (quizá en eso sí nos ibamos a parecer finalmente).

El libro lo leo religiosamente todos los años (como otros pocos que reseñaré).   Y aunque Mersault no es Camus, en él se expresan muchas de sus ideas, porque Camus se opuso en simultáneo al cristianismo, al comunismo y al existencialismo  porque no estaba de acuerdo con aquellas ideas que alejan al hombre precisamente de lo más íntimo, de lo humano, de su ser íntimo y propio ("La estupidez insiste siempre").

Y cito de memoria el final de El Extranjero. "Para que todo esté consumado, para que me sienta menos solo, me queda esperar que el día de mi ejecución haya muchos espectadores y que me reciban con gritos de odio".

lunes, 4 de agosto de 2014

Escribas y Hechiceros

A la luz de una lámpara de aceite el semidesnudo hombre, cabeza cuidadosamente rapada, gruesa boca y ojos muy delineados, toma una pequeña estaca de bambú, mastica con cuidado su oblicua punta y siente las pequeñísimas hebras separarse. Delicadamente sostiene en su mano izquierda la pequeña caja con dos pigmentos, uno de carbón y otro rojizo de óxido, moja entonces con agua la punta de la caña que introduce en el polvo negro, respira profundamente y comienza a escribir sobre el fino papiro sobre su regazo la historia de Sinuhé, hijo del sicómoro, tesorero del Rey del Bajo Egipto.



De ahí a esta mi escritura en la computadora personal, solo han pasado cuatro mil años y las intenciones se mantienen inalteradas. Sentimientos, sueños, realidad, fantasía, pensamientos, creencias ... todo resumido en esta necesidad inexplicable de escribir lo que se cuenta, lo que se imagina, lo que pasó, lo que pasará y hasta lo que nunca se hará realidad. La escritura que concibe, que destruye, que ama y que odia.

De esto y más se trata este Blog. De escritores y hechiceros de la palabra a través de la Historia.  Y de vez en cuando, mis propios hechizos, mi propio Aquelarre, advierto, con todo tipo de licencias.